4月19日
Despertarme con las primeras luces del alba. La primera luz del día, tímida, colándose por mi ventana. Y ver que en el otro extrem de la cama duermes profundamente. De espaldas. Acercarme suavemente, reptando entre las sábanas, hasta abrazarte con cuidado, rozar con mis labios tu pelo, tu nuca. Olerte. Sentir cómo de desperezas ligeramente, los ojos aún cerrados, pero una sonrisa en los labios. Y seguir durmiendo. Seguir soñando.
Sentirte respirar a medianoche. Sentir tu roce, tu calor, a mi lado. Y pensar en ti. Pensar que eres lo que más quiero. Rozarte con tan sólo alargar un brazo, estirar una pierna hasta acariciarte con un pie. Pegarme a tu cuerpo. Placer. Sentir tus latidos, tu sonrisa al mirarme. A medianoche. Sonríes al verme. Como si a ti también se te hubiera olvidado mi presencia durante el sueño y te llevaras una grata sorpresa al descubrirme junto a ti. Sentir que piensas en mi. Pensar que a quien tú amas es a mi. Seguir soñando.
Apagar la luz, por la noche. Decirnos algunas frases a oscuras. Siempre algún te quiero. Siempre algún beso de buenas noches. Pero nunca el mismo. Sentir que las ideas se resbalan entre los recodos del sueño. El comienzo de alguna frase inconexa. Escuchar tu voz aún pero sentir cómo mis pensamientos me empujan hacia el mundo de los sueños. Si acaso no es ya mi vida un sueño. Y sentirte cerca nuevamente. Tal vez tus pies enredándose con los míos. Tal vez un brazo que me rodea por la espalda. Tus labios en mi hombro. Tu aliento en mi nuca. Tu calor. Y cerrar los ojos. Y seguir soñando.
NAAMA RODRÍGUEZ